Martes 23 de Enero de 2018

       

OPINION: La brasileña se llevó el cinturón y la "Pumita" el reconocimiento de su público.

Para cualquier boxeador el camino hacia un título mundial nunca es sencillo, dado que para ser mundialista no solo hay que tener virtudes deportivas y generar expectativa en el público, sino también una cuota del destino para alcanzar la tan ansiada “noche perfecta”.
En la historia del boxeo hay una interminable nómina de púgiles a los que se le dice “no naciste para campeón”, pero que por valentía, entrega y estilo quedaron bautizados como “los campeones del pueblo”. La jujeña Brenda “Pumita” Carabajal acarició el cinturón mundial de los ligeros; por más que cayó dos veces en el arranque de las acciones, en el desarrollo íntegro del combate, se repuso y no le regaló nada a la ahora campeona del mundo, la brasileña Volante. Desde los cuatro sectores del Estadio de la Federación Jujeña de Básquetbol, que no estuvo colmada pero que alentó cuando era necesario, se apoyó a la pugilista local. Quizás esa sea la clave para “la próxima” porque Brenda apareció de la mano del aliento de la hinchada. Ese “mimo” del público fue clave para llegar a los diez round y que el combate se defina por puntos y no por la vía rápida. Y da la sensación que eso lo entendió la “tigresa” Acuña y el gobernador Gerardo Morales, quienes una vez consumada la derrota coincidieron al costado del cuadrilátero, casi como mamá y papá a “mimar” a nuestra representante, apoyarla y decirle que no descanse hasta ser "profeta en su tierra". A todos nos gusta ganar y la ·Pumita" ganó el respeto del mundo boxístico y algo que hoy en día es difícil alcanzar en el mercantilizado mundo del boxeo, la credibilidad para sus futuras presentaciones.
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