mayo 6, 2021

Muy discípulo de Stiglitz, pero …

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El escándalo por el despido del subsecretario Federico Basualdo, que frenó la vicepresidenta, tiene su causa inmediata en la anemia de poder del presidente. Inmediata, pero no única. La vice está alarmada por el nivel de ajuste fiscal ortodoxo que está aplicando Martín Guzmán para evitar un incendio macroeconómico. El déficit fiscal primario para 2020 fue calculado el año pasado en 8,3%, pero terminó siendo del 6,5% gracias al aumento de la recaudación (0,6%) y achique del gasto (1,8%). La vice teme que esa furia ortodoxa aplicada a las tarifas le haga perder las elecciones.

Arrugue de barrera

Entre las “ideas” que a Martín Guzmán se le ocurrieron para achicar el déficit estuvo la de aumentar el impuesto a las ganancias para empresas. Al respecto en la Cámara de Diputados ocurrió un episodio ilustrativo. La oficina de presupuesto del Congreso elaboró un documento que evaluaba la recaudación en 230 mil millones de pesos. La cifra hizo que la oposición pusiera el grito en el cielo y demoró la firma del dictamen. Pero una semana después la misma oficina mandó otra nota modificando a la baja su cálculo y el kirchnerismo firmó el dictamen. En fútbol eso se llama arrugue de barrera.

Cuando se queja la UIA

Pero Cristina Kirchner no es la única que se queja de la inesperada ortodoxia de Guzmán. La UIA, que ha apoyado a todos los gobiernos peronistas que se recuerden, también difundió un comunicado rechazando el aumento del impuesto a las ganancias. Asume como propia la cifra de 230 mil millones de pesos de recaudación y agrega que de esa suma casi un tercio saldrá de los bolsillos de los industriales. En el documento hace además un preciso detalle del aumento de la voracidad fiscal en la última década. Llegó el punto, al parecer, en que tener al Estado como socio dejó de ser rentable.

La carta de Guzmán

El apoyo de Cristina Kirchner al subsecretario Basualdo provocó un tembladeral político y sin duda tendrá consecuencias económicas a corto plazo. Pero Martín Guzmán cuenta con un respaldo que cree más efectivo que el del presidente: el de los contactos que hizo en los últimos meses con el FMI y otros jugadores de las finanzas internacionales. Los memoriosos recuerdan que algo parecido ocurrió con Nicolás Dujovne. Cuando Mauricio Macri lo despidió y puso a Hernán Lacunza en su lugar las gestiones ante el organismo de crédito nunca recuperaron la buena sintonía.