octubre 5, 2022

Hacía falta un ministro, pero lo que llegó fue un candidato

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El reemplazante de Batakis no tiene un plan de estabilización, ni de ajuste. Su objetivo es evitar un derrumbe antes de las PASO y fortalecerse como candidato. Por qué explotó Carrió.

Bastaron dos semanas para comprobar que Sergio Massa no asumió como ministro de Economía para tacklear la crisis, sino para demorar su estallido. No tiene un programa de estabilización y trata de mitigar los problemas con medidas aisladas, no de resolverlos. A lo que se dedica con mayor tesón es a hacer campaña para 2023, año al que piensa llegar como candidato del oficialismo con el visto bueno de Cristina Kirchner, que lo dejó a cargo de la gestión mientras trata de zafar de una compleja situación judicial.

Esta semana se anunció una inflación del 7,4%, producto de la monumental emisión. ¿Cómo respondió el ministro? ¿Bajó la emisión y recortó el gasto? No, aumentó la tasa de interés al 70%. Cuando en el anterior gobierno llegó al 60% el inefable Santiago Cafiero hablaba de “financierización” de la economía, pero el problema no es de falta de coherencia, sino a la inconsistencia macroeconómica a la que el flamante ministro contribuye con el corazón ligero mientras intenta ganar tiempo.

En ese plano consiguió un canje por dos billones de pesos de deuda que vencía en los próximos 90 días pero al precio de tasas que generan un déficit cuasifiscal gigantesco. El Central tiene una deuda de 7,4 billones de pesos en leliq, esas letras con las que Fernández en campaña había prometido pagar a los jubilados. Pero en este caso tampoco importan las promesas de campaña. El problema es la desconfianza que el “roleo” genera y la percepción de que Massa va a maquillar las políticas “K”, no a eliminarlas.

En campaña también fue a Neuquén a prometer que los inversores en Vaca Muerta tendrán disponibilidad de dólares y en otro acto de campaña anunció muy anticipadamente un aumento a los jubilados que se hace en cumplimiento de una ley, pero que es presentado como una graciosa concesión del Poder Ejecutivo. También anunció un bono para los que cobran la mínima. ¿Qué lo diferencia del kirchnerismo? Por otra parte el bono, aunque no compensa el deterioro de los haberes, aumentará el déficit. Más tierra bajo la alfombra.

En su gestión como en las anteriores la lógica económica puede ser ignorada; la electoral es de aplicación permanente.

La crisis económica ha adquirido una dinámica tal que no sólo provocó la reconfiguración del oficialismo, sino que rozó a una oposición que intentaba seguir volando bajo el radar y la expuso incómodamente en los medios. La que disparó el conflicto fue Elisa Carrió que arrolló a sus adversarios de muy lenta reacción.

La líder del la Coalición Cívica vio en el ascenso de Sergio Massa a Economía y al manejo de un caja fabulosa un peligro para Juntos por el Cambio. Por eso apuntó contra los socios del ministro en la coalición opositora: Morales, Monzó, Frigerio, Ritondo, etcétera. Las diatribas fueron para los propios, pero el mensaje fue para Massa: antes de que los uses de caballo de Troya, los destruyo.
Su propensión al escándalo y a la flagelación del adversario sacudieron a la oposición e hicieron temer por su unidad, pero como siempre ocurre Carrió frenó pocos metros antes del precipicio. El peronismo no es el único que se repite.

Más allá de los nombres, su ataque apuntó contra los opositores antimacri, antigrieta y partidarios del “camino del medio” que esperan repavimentar con Massa. Puso la mira también sobre los empresarios cercanos a ese sector (Manzano, Vila, etcétera) expertos en mercados regulados, “sherpas” en los laberintos del Estado, cualquiera sea el gobierno en funciones.

Con esta ofensiva contra la corporación política Carrió dejó sin asunto a Milei y se acercó a Macri que mantuvo el “silenzio stampa”. Morales planteó la sospecha de que el ex presidente estaba jugando con Carrió y no le faltó razón: los misiles alcanzaron a Nosiglia y a su candidato Facundo Manes, principales adversarios del PRO en las PASO del año próximo. Estaban cargados con ética republicana, arma letal entre los votantes de Juntos por el Cambio.

Pero el incidente tuvo también daños colaterales. El principal fue el de Patricia Bullrich que salió a enfrentar a Carrió, por haberla desplazado de su papel natural: el de antikircherista “24 hours”.

La presidenta del PRO se ve como el “muletto” de Macri en caso de que el ex presidente decida no anotarse en la carrera presidencial. Por ahora el ex presidente continúa con sus paseos por el conurbano para medir el nivel de rechazo que, aunque no se manifieste en “escarches” las encuestas siguen registrando alto. Prueba la temperatura del agua antes de tirarse a la pileta (ver Visto y Oído).

En suma, la magnitud de la crisis no sólo arrasó al gobierno; obliga a la oposición a definir rápidamente una alternativa creíble de poder. Una tarea que esperaba postergar para que el desastre económico le simplificase el trabajo.