diciembre 7, 2022

CFK y las PASO

Cristina Kirchner

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A menos de sesenta días del cierre de las sesiones ordinarias y a menos de noventa del comienzo del año electoral el oficialismo no tomó todavía una decisión sobre las condiciones en que se harán las próximas presidenciales: si habrá o no PASO.

Las reglas con que se jugará el partido más importante de la democracia siguen en suspenso por la desorientación que impera en un gobierno con el poder muy fragmentado. La anarquía e incertidumbre que socavan la economía impregnan también la estrategia electoral oficialista.

Cristina Kirchner no se pronunció todavía al respecto y se duda de que el Frente de Todos, que está a la espera de su palabra, cuente con la mayoría exigida para sancionar la reforma. Lo que sobran son las opiniones en los medios y los globos de ensayo. Faltan los hechos.

Como cualquier reforma electoral, la suspensión o eliminación de las PASO no es políticamente  neutra. Beneficia al oficialismo y complica a la oposición, por lo que la única explicación de la indefinición es que la vicepresidenta no sabe cómo va a jugar el año que viene, quiénes serán sus aliados y quiénes sus candidatos, ni qué estructura electoral va a terminar utilizando.

Cristina Kirchner fue la promotora de las internas abiertas en 2009 a instancias de su marido, pero hablar de coherencia ideológica como impedimento para borrarlas del mapa es ignorar la naturaleza del kirchnerismo.

Las últimas experiencias electorales demuestran que las PASO fueron provechosas para Juntos por el Cambio y un desastre para el peronismo. En 2021 representaron un golpe de knock out del que el Frente de Todos no pudo reponerse a pesar del “plan platita” y de la recuperación en las generales en la provincia de Buenos Aires. Los votantes usan las primarias para expresar su descontento, pero piensan en su conveniencia en las generales. Con la situación económica terminal que se aceleró en los últimos meses y el fuerte rechazo al gobierno que muestran las encuestas, el doble turno significa una doble derrota, un suicidio político evitable.

Además las primarias son rechazadas por la mayoría de los gobernadores peronistas,  porque el poder ordena y el voto popular muchas veces desordena. En las provincias controladas por el PJ lo tradicional es el “dedo” y no lo quieren poner en riesgo.

En sentido contrario la competencia le sirve a la oposición. El poder que ordena en ese caso las candidaturas es el del voto. El voto resuelve los tironeos que la dirigencia no puede controlar.

En cuanto el escenario legislativo, en la Cámara de Diputados el oficialismo tiene 118 votos propios a los que podría sumar los cordobeses schiarettistas y unos cinco aliados para llegar a la mayoría absoluta. El problema está en los 118, porque hay legisladores fieles a CFK como los porteños y los chaqueños que no quieren un cambio. Una vez más la definición está en manos de la vice para quien la invención del Frente de Todos constituyó una experiencia infausta, que difícilmente quiera repetir.