diciembre 7, 2022

Adultos mayores, entre la inclusión y exclusión del sistema financiero

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Los adultos mayores como sujetos de créditos pueden suponer un desafío o una oportunidad para el mercado, pero la mayoría suelen ser relegados. Según el BCRA, solo un 13.1% de personas mayores de 65 años abrieron nuevas cuentas en el primer trimestre del 2022.

Las condiciones de vida actuales, con los avances en la tecnología y medicina, prolongaron la vida de las personas. A la hora de querer sacar un crédito, los adultos mayores suelen ser relegados principalmente por su esperanza de vida, por lo que se ven obligados a buscar otras opciones donde terminan exponiéndose a fraudes y/o intereses muy altos.

De acuerdo al último Informe de Inclusión Financiera emitido por el Banco Central de la República Argentina, durante el primer semestre de 2022 el porcentaje de personas adultas con financiamiento aumentó 2.4 puntos, cada persona adulta efectuó en promedio 10.8 transacciones mensuales por medios electrónicos, y se abrieron 1.3 millones de cuentas nuevas, de las cuales el 13,1% equivale a los adultos mayores de 65 años.[1]

A raíz de estos datos, podemos afirmar que los adultos mayores, tal como se suele llamar a partir de los 60 años, no deberían dejar de tener expectativas financieras u objetivos propios. Al respecto, Nilda Gauna, Country Manager de QKapital Argentina, indicó: “Al igual que en otras etapas de la vida, un crédito hipotecario es una buena opción para alcanzar una meta o sobrellevar un imprevisto, ya que es una herramienta que permite acceder de forma inmediata a un dinero que puede llevar meses o años en ahorrar”.

Los países miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA) firmaron en 2015 la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, en el cual se comprometieron, entre otras cosas, a tomar medidas efectivas para garantizar el derecho de las personas mayores a “tener acceso en igualdad de condiciones a préstamos bancarios, hipotecas y otras modalidades de crédito financiero”.

El límite que establecen las entidades bancarias en Latinoamérica se sitúa, en promedio, en la edad de 75 años al momento del pago de la última cuota. Sin embargo, en Estados Unidos, también miembro de la OEA, el único requisito es demostrar solvencia, sin importar la edad.

Esta posibilidad no es únicamente para ciudadanos estadounidenses, sino que personas extranjeras también pueden acceder a créditos hipotecarios. Para solicitarlo hay que demostrar liquidez en cuentas bancarias en Estados Unidos como garantía de que puede hacerse cargo del pago de las cuotas. “De esta manera, personas mayores de 65, que ya alcanzan un 25% de las solicitudes, pueden acceder a este servicio para seguir persiguiendo sus objetivos financieros”, comentó Nilda Gauna.

El avance de la sociedad hizo que hoy en día, la vida después del retiro sea un nuevo comienzo, con nuevos desafíos, y en la mayoría de los países americanos esto no es tenido en cuenta. Al buscar financiamientos y ver limitadas sus opciones, terminan exponiéndose a fraudes y/o intereses muy altos.

En Argentina, la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSES) ofrece un servicio de créditos de consumo para jubilados que tiene como tope la edad de 92 años para finalizar el pago. Esta medida es un claro ejemplo de lo que tendría que ser replicado por las distintas entidades que tengan a disposición esta herramienta para democratizar el acceso a los créditos. Todo indica que la experiencia de los adultos mayores seguirá creciendo, por lo que considerar a las personas de la tercera edad como sujetos de crédito es un gran desafío para el mercado, pero también podría ser una gran oportunidad.